La gente parecía sorprenderse de ver a una mujer extranjera viajando sola (cuando entraba en un restaurante y pedía una cerveza me sentía como Calamity Jane entrando en el saloon del Oeste), de hecho algunas veces no podían aguantarse la curiosidad y me preguntaban, pero tengo que decir que en su mayoría los habitantes de Hokkaido que encontré fueron muy amables, y a pesar de estar menos acostumbrados a los extranjeros que en Tokio (o quizá por eso) resultaron bastante sociables, así que me dieron conversación en muchos sitios y me invitaron en unos cuantos, ¡hurra!La mayor situación de peligro la viví cruzando una calle en obras de unos 50 metros de largo en Otaru, donde durante el trayecto me escoltaron 3 obreros con banderas rojas y cara preocupada, que se acababa por no saber si el significado era "peligro, excavadora maniobrando" o "peligro, guiri suelta".
Estas son imágenes de los célebres campos de lavanda de Furano (¿algún original más quiere hacer chistes sobre Puig?). Allí hay un museo del dorama que no me atreví a visitar y la Granja Tomita donde están los campos más espectaculares, aunque uno no puede evitar cierto sentimiento de parque temático cuando está allí y un poco demasiado organizado todo en torno a las compras, lo cual es quizá comprensible en una cultura donde tiene tanto peso el omyage o regalo de viaje, pero resulta bastante irritante para alguien que odia hacer compras por deporte como es mi caso. Lo que sí me tomé fue el típico helado de lavanda y lo peor es que me gustó...
A la vuelta resultó que había que esperar más de una hora el tren a la intemperie con bastante fresquito y un viento del demonio, así que decidí que lo suyo era volverse andando para al menos moverse y ver el paisaje...Un empleado ferroviario todo paternal al que le pregunté el camino me dio caramelos y me dijo unas 800 veces que tuviera cuidado como si fuera a internarme sola en la jungla del Amazonas. Durante el camino tuve mucho mucho tiempo para pensar y de hecho pararon un taxista primero y un guiri en coche después preocupados por mi integridad física. Cuando les dije que prefería andar me miraron como si me hubiera escapado de un sanatorio...
Tuve tiempo de arrepentirme por mi cabezonería pero al final llegué (tantos campamentos han tenido que servir para algo más que para que mis amigos graciosillos hagan chistes fáciles sobre vender galletitas) y cuando me metí en el ofuro (baño típico japonés) y tomé la cena del ryokan (casa de alojamiento típica japonesa) me sentí como nueva...como se suele decir kimochi!!!
Esto es un rincón de la Universidad de Hokkaido. Un sitio bastante curioso y agradable para pasear.
Por cierto que no he hablado de los trenes, fui en coche cama desde Tokio (16 horitas de viaje pasando por un túnel muy largo que no vi porque echaron las cortinas) y encontré algunas peculiaridades como que te prestan un yukata de la JR (kimono ligero de algodón), que cada litera tiene sus propias cortinas de estampado de tela de sofá (lo cual al principio me pareció una pijería, pero cuando tus compañeros de compartimento son unos cuarentones raros que se ponen hasta el culete de cerveza le encuentras sentido a eso de camuflarse con el entorno) y tienen hasta ducha...
En conclusión podemos decir que ha sido un viaje muy divertido y enriquecedor y que en cuanto pueda pienso embarcarme en la siguiente aventura...¡si me dejan!







