La cultura japonesa reserva unos sofisticados modelos de infierno a sus becarios, como puede ser la jornada de diez horas (con una para comer) de pie haciendo fotocopias. Ciertamente el arte de la fotocopia es una disciplina que nunca ha sido bien ponderada en nuestra sociedad. Una se cree que es una tarea banal hasta que se encuentra como materia prima una montaña de 150 expedientes de proyecto en diferentes formatos, medidas y materiales (cada cual de su padre y de su madre, por lo que se supone que tú eres El Elegido para unificar los formatos y atarlos a las tinieblas...) y como herramienta para hacer 4 copias de cada, dos fotocopiadoras a compartir con el resto de la empresa.
Si en este país hiperdesarrollado las bañeras hablan, las fotocopiadoras directamente ya te cantan La Traviata, lo cual no significa en modo alguno que eso te simplifique la vida, ya que has de vértelas con un menú incomprensible lleno de opciones infinitas (todas en kanji, la duda ofende), encima en la red se cruzan los trabajos de los compañeros que están enviando impresiones desde sus ordenadores a la misma terminal (por lo que el bicho se bloquea y tienes que cambiar de fotocopiadora) y por supuesto en el proceso te pasa de todo, se te acaba el papel, el toner de tinta y la paciencia, porque claro, evidentemente, los mensajes de error, ¡también están llenos de kanjis! ¿Y qué puede hacer una cuando le ocurre todo eso? Sólo queda un recurso...

El día 1 de julio asistí a la tercera junta de empresa y fue mi segunda exposición ante ese selecto público. Al menos esta vez conseguí tartamudear un poco menos y casi se me cae la lagrimilla de emoción cuando al terminar un jefazo me sonrió y con una ligera inclinación declaró setencioso: "has hecho un buen trabajo".
Claro que la alegría duró poco porque hoy, cuando creía tener más o menos bajo control la amenaza cibernética de las fotocopiadoras ha llegado súbitamente EL MOMENTO DE PÁNICO DEL DÍA. Es decir: de repente aparece una secretaria y me anuncia "ha llamado el diseñador gráfico y quería hablar con tu jefa pero hoy está de viaje de negocios" -hasta ese punto yo asentía dominando la situación, porque al menos lo de dar recados creo tenerlo más o menos pulido. Pero la frase continuaba con un: "está todavía al teléfono y como ella no está ha dicho que quiere hablar contigo del encargo" osea ¡Houston, Houston, tenemos un problema!. Presa del terror le expliqué a la secretaria que mi jefa no me había dejado ningún recado para él y ella a su vez intentó transmitírselo a él, pero por lo visto seguía insistiendo en hablar conmigo, así que no tuvo más remedio que pasarme la llamada...Al final resultó que el recado se lo quería dar él a mi jefa, así que como pude tomé nota, localicé a mi jefa, tomé una lección express de "lenguaje honorífico telefónico empresarial en 5 minutos" de un compañero y devolví la llamada al diseñador...¿quién necesita una videoconsola teniendo la adrenalina diaria de este trabajo de survival horror?
Por cierto que me han vuelto a decir con admiración y asombro lo de "pareces adulta cuando hablas español" y me temo que de poco sirve intentar explicarles que en España, de hecho, se me considera una adulta...
En días como hoy, amas tu bañera como a tu vida y por ello he comenzado a tunearla en búsqueda de nuevas sensaciones:
Sumando un poco surrealismo al ambiente empresarial, ha llegado una circular oficial desde uno de los altos jefazos explicando que hay un evento de noséqué empresa de cosméticos y que se va a invitar a las féminas de la plantilla a un curso de maquillaje en el mismo centro. Lo cual por supuesto como estamos en Japón deriva a un "se ruega la colaboración de los miembros femeninos de la empresa", que si no suena a obligación parece que no es lo mismo. Yo me lo había tomado un poco a broma, pero mi jefe me dijo muy serio "ve a la 4ª planta a apuntarte a la lista, si quieres voy contigo" y ante mi cara de ilusión respondió "no, me refiero a que voy contigo a apuntarte, no pienso maquillarme". La verdad es que es una pena, porque la idea de una clase de maquillaje con los maromos de mi oficina parecía bastante más divertida y tras ver en la TV lo en serio que se toman la cosmética (como todo) no me apetece mucho ir, además de que seguramente no comprenda bien las explicaciones y me acabe haciendo un Picasso...Por ahora estoy en práctica de la resistencia pasiva a ver si se pasa el plazo, pero si me lo vuelven a decir no tendré más remedio que ir y puede que de la experiencia salga otro post.
Lo dicho, me voy a la bañera que hoy creo habérmelo ganado. Por cierto, si la Coca-Cola con sabor a té verde llega a España, sabed que está asquerosa. Me falta probar la Pepsi Shiso (hierba aromática japonesa), pero para que os hagáis una idea es como si en España hicieran la Pepsi Perejil...suena prometedor, ¿eh? Para más información os dejo el link del blog de Nihoneymoon , que es un tío intrépido y se ha atrevido a probarla.