Las patentes de software camino de Nueva Zelanda

Me llega de la lista de anuncios de la FSF un aviso sobre las patentes de software en Nueva Zelanda. Al parecer se prepara una ley (Patent Bill) que reformaría, o mejor reemplazaría, todo el sistema de patentes. En dicha ley no se hace mención a ningún tipo de excepción respecto a la patentabilidad del [...]

Los holandeses permiten a la ultraderecha en la UE

Antes de tiempo hemos conocido los resultados de las elecciones al parlamento europeo de nuestros vecinos holandeses. El dato que más ha inquietao es que la segunda fuerza política elegida ha sido el partido de extrema derecha PVV (Partij voor de Vrijheid, Partido de la Libertad). Dicho partido ha cosechado un 15% de los votos, [...]

¡Pandemia!


Hoy he llegado a casa con este careto y no, no es que vaya de ninjaaaa, sino que ha llegado una circular de la empresa con estrictas y detalladas normas para la prevención de la gripe porcina, ya que debido al brote de Kansai han tenido que cerrar muchas escuelas en Kobe y Osaka y temen que se propague a Tokio. Teniendo en cuenta la densidad de población en Tokio y las aglomeraciones en trenes y demás, la verdad es que estas normas sanitarias no parecen descabelladas.

El problema es que cuando llevas 10 horitas pegada al ordenador trabajando intensivamente porque quieres acabar el proyecto encomendado en tiempo récord (ayer fueron 12 y media), digamos que uno se vuelve más susceptible a ciertas cuestiones como la diplomacia. Entonces ocurre que cierto individuo te ofrece toda la charla de la pandemia con un tono sobradamente paternalista. La norma parece ser que en la puerta de entrada de personal de la empresa habrá que lavarse las manos con alcohol y llevar la mascarilla cada vez que se salga fuera del edificio. En caso de tener síntomas de resfriado lo primero es avisar al jefe. Si una se sorprende por la magnitud de la alarma y confiesa que nunca ha llevado mascarilla (bueno, en realidad el año pasado llevé una durante 15 minutos, pero no creí que fuera digno de mención), le cae un sermón tremendo sobre la responsabilidad civil, la conciencia de grupo en Japón, haciéndome sentir culpable si se contagian por culpa de mi inconsciencia y un tremendo blablabla.

Una aguanta el chaparrón pero la ceja se le dispara cuando se hace mención a la "gripe española" y se ve obligada a explicar que esa epidemia no comenzó en España precisamente. El colmo ya ha sido cuando el susodicho me ha paseado por las oficinas centrales contándole a todo el mundo cómo me estaba evangelizando en la cultura de la mascarilla, ya que increíblemente nunca había usado una (así somos los bárbaros). Un graciosillo ha comentado que como mi nariz sobresale más igual la mascarilla me estaba pequeña (de verdad que se lo perdono porque es el apóstol de la caca, porque contenta me tiene). Otra iluminada ha declarado "ya ves, esta es la cultura de Japón, ánimo" con cara de inefable superioridad.

Tras el paseo triunfal hemos regresado a nuestra sección y me han hecho llevar la mascarilla puesta DENTRO de la oficina. Que la verdad, trabajar con el ordenador en japonés ya es suficiente diversión para mí sin añadir la mascarilla que pega un calor horroroso y encima hace que se me empañen las gafas, más que una oficina aquello parecía un quirófano.

No he podido evitar replicar que ya que las medidas parecen ser tan severas, estaría bien que también pusieran jabón de manos en el lavabo. Me contestan "pues claro que hay" tan panchos y es que curiosamente lleva una semana gastado y nadie se ha dado cuenta, mientras yo como tonta estaba lavándome las manos con lavavajillas, que ni los pescadores noruegos del anuncio, leñe. Les enseño el bote vacío y al final uno ha ido a por un recambio como haciéndome un favor. Hay que ver cómo somos de exigentes los salvajes.

Al final del día uno me ha confesado que seguramente mi jefe (ausente a toda la pandemia porque estaba reunido) sea menos estricto con el tema mascarilla (el informante dice que él la lleva siempre porque tiene que tratar con muchos clientes y porque su mujer lo obliga). Como hombre juicioso que es, confío en que cuando regrese imponga un poco de cordura en todo esto. Realmente si me dan una explicación razonable no me importa llevarla aunque sea un incordio, pero en primer lugar, en mi caso no tiene tanto sentido porque estoy casi todo el tiempo dentro de la oficina (aparte de tener el curioso vicio de lavarme las manos con jabón) y en segundo lugar, hay muchas formas de decir las cosas, que hoy he visto a alguno con ganas de enviarme al gueto a la mínima...

En la mayoría de las farmacias ya se han agotado las mascarillas y en el tren de vuelta la verdad es que muy poca gente la llevaba puesta (de hecho en Japón siempre se ven mascarillas, ya sea para no contagiar el resfriado, evitar la alergia o vete tú a saber, yo creo que en el fondo les gusta). Algunos pasajeros me miraban preguntándose si sería una "infectada", pero mi conclusión es clara:

EL DÍA DEL APOCALIPSIS ZOMBIE SE VAN A ENTERAR DE LO QUE ES UNA PANDEMIA.

¡Pandemia!


Hoy he llegado a casa con este careto y no, no es que vaya de ninjaaaa, sino que ha llegado una circular de la empresa con estrictas y detalladas normas para la prevención de la gripe porcina, ya que debido al brote de Kansai han tenido que cerrar muchas escuelas en Kobe y Osaka y temen que se propague a Tokio. Teniendo en cuenta la densidad de población en Tokio y las aglomeraciones en trenes y demás, la verdad es que estas normas sanitarias no parecen descabelladas.

El problema es que cuando llevas 10 horitas pegada al ordenador trabajando intensivamente porque quieres acabar el proyecto encomendado en tiempo récord (ayer fueron 12 y media), digamos que uno se vuelve más susceptible a ciertas cuestiones como la diplomacia. Entonces ocurre que cierto individuo te ofrece toda la charla de la pandemia con un tono sobradamente paternalista. La norma parece ser que en la puerta de entrada de personal de la empresa habrá que lavarse las manos con alcohol y llevar la mascarilla cada vez que se salga fuera del edificio. En caso de tener síntomas de resfriado lo primero es avisar al jefe. Si una se sorprende por la magnitud de la alarma y confiesa que nunca ha llevado mascarilla (bueno, en realidad el año pasado llevé una durante 15 minutos, pero no creí que fuera digno de mención), le cae un sermón tremendo sobre la responsabilidad civil, la conciencia de grupo en Japón, haciéndome sentir culpable si se contagian por culpa de mi inconsciencia y un tremendo blablabla.

Una aguanta el chaparrón pero la ceja se le dispara cuando se hace mención a la "gripe española" y se ve obligada a explicar que esa epidemia no comenzó en España precisamente. El colmo ya ha sido cuando el susodicho me ha paseado por las oficinas centrales contándole a todo el mundo cómo me estaba evangelizando en la cultura de la mascarilla, ya que increíblemente nunca había usado una (así somos los bárbaros). Un graciosillo ha comentado que como mi nariz sobresale más igual la mascarilla me estaba pequeña (de verdad que se lo perdono porque es el apóstol de la caca, porque contenta me tiene). Otra iluminada ha declarado "ya ves, esta es la cultura de Japón, ánimo" con cara de inefable superioridad.

Tras el paseo triunfal hemos regresado a nuestra sección y me han hecho llevar la mascarilla puesta DENTRO de la oficina. Que la verdad, trabajar con el ordenador en japonés ya es suficiente diversión para mí sin añadir la mascarilla que pega un calor horroroso y encima hace que se me empañen las gafas, más que una oficina aquello parecía un quirófano.

No he podido evitar replicar que ya que las medidas parecen ser tan severas, estaría bien que también pusieran jabón de manos en el lavabo. Me contestan "pues claro que hay" tan panchos y es que curiosamente lleva una semana gastado y nadie se ha dado cuenta, mientras yo como tonta estaba lavándome las manos con lavavajillas, que ni los pescadores noruegos del anuncio, leñe. Les enseño el bote vacío y al final uno ha ido a por un recambio como haciéndome un favor. Hay que ver cómo somos de exigentes los salvajes.

Al final del día uno me ha confesado que seguramente mi jefe (ausente a toda la pandemia porque estaba reunido) sea menos estricto con el tema mascarilla (el informante dice que él la lleva siempre porque tiene que tratar con muchos clientes y porque su mujer lo obliga). Como hombre juicioso que es, confío en que cuando regrese imponga un poco de cordura en todo esto. Realmente si me dan una explicación razonable no me importa llevarla aunque sea un incordio, pero en primer lugar, en mi caso no tiene tanto sentido porque estoy casi todo el tiempo dentro de la oficina (aparte de tener el curioso vicio de lavarme las manos con jabón) y en segundo lugar, hay muchas formas de decir las cosas, que hoy he visto a alguno con ganas de enviarme al gueto a la mínima...

En la mayoría de las farmacias ya se han agotado las mascarillas y en el tren de vuelta la verdad es que muy poca gente la llevaba puesta (de hecho en Japón siempre se ven mascarillas, ya sea para no contagiar el resfriado, evitar la alergia o vete tú a saber, yo creo que en el fondo les gusta). Algunos pasajeros me miraban preguntándose si sería una "infectada", pero mi conclusión es clara:

EL DÍA DEL APOCALIPSIS ZOMBIE SE VAN A ENTERAR DE LO QUE ES UNA PANDEMIA.

Problemas de seguridad con los portátiles infantiles

Ayer comenté que quería comentar un problema asociado al plan de los portátiles, pero que no me cabía. No es un problema con el concepto en sí, por lo que es ajeno al debate de si el Estado debe o puede gastar ese dineral, o si la letra en papel entra y que mis hijos estudien como estudiaron mis abuelos. Se trata más bien de un problema lateral, algo que habría que pulir antes de llevarlo a cabo. Y no, tampoco voy a hablar del sistema operativo. Se trata de la seguridad, pero entendida en un sentido más tradicional, no informático[...]