Lo que queda del día

Que es más bien poca cosa, porque acabo de llegar a casa, zamparme mi asiduo obento de sushi y ya son las 22:00...

La cultura japonesa reserva unos sofisticados modelos de infierno a sus becarios, como puede ser la jornada de diez horas (con una para comer) de pie haciendo fotocopias. Ciertamente el arte de la fotocopia es una disciplina que nunca ha sido bien ponderada en nuestra sociedad. Una se cree que es una tarea banal hasta que se encuentra como materia prima una montaña de 150 expedientes de proyecto en diferentes formatos, medidas y materiales (cada cual de su padre y de su madre, por lo que se supone que tú eres El Elegido para unificar los formatos y atarlos a las tinieblas...) y como herramienta para hacer 4 copias de cada, dos fotocopiadoras a compartir con el resto de la empresa.

Si en este país hiperdesarrollado las bañeras hablan, las fotocopiadoras directamente ya te cantan La Traviata, lo cual no significa en modo alguno que eso te simplifique la vida, ya que has de vértelas con un menú incomprensible lleno de opciones infinitas (todas en kanji, la duda ofende), encima en la red se cruzan los trabajos de los compañeros que están enviando impresiones desde sus ordenadores a la misma terminal (por lo que el bicho se bloquea y tienes que cambiar de fotocopiadora) y por supuesto en el proceso te pasa de todo, se te acaba el papel, el toner de tinta y la paciencia, porque claro, evidentemente, los mensajes de error, ¡también están llenos de kanjis! ¿Y qué puede hacer una cuando le ocurre todo eso? Sólo queda un recurso...


...que no es otro que poner esta cara y pedir a alguien que te rescate del embrollo.

El día 1 de julio asistí a la tercera junta de empresa y fue mi segunda exposición ante ese selecto público. Al menos esta vez conseguí tartamudear un poco menos y casi se me cae la lagrimilla de emoción cuando al terminar un jefazo me sonrió y con una ligera inclinación declaró setencioso: "has hecho un buen trabajo".

Claro que la alegría duró poco porque hoy, cuando creía tener más o menos bajo control la amenaza cibernética de las fotocopiadoras ha llegado súbitamente EL MOMENTO DE PÁNICO DEL DÍA. Es decir: de repente aparece una secretaria y me anuncia "ha llamado el diseñador gráfico y quería hablar con tu jefa pero hoy está de viaje de negocios" -hasta ese punto yo asentía dominando la situación, porque al menos lo de dar recados creo tenerlo más o menos pulido. Pero la frase continuaba con un: "está todavía al teléfono y como ella no está ha dicho que quiere hablar contigo del encargo" osea ¡Houston, Houston, tenemos un problema!. Presa del terror le expliqué a la secretaria que mi jefa no me había dejado ningún recado para él y ella a su vez intentó transmitírselo a él, pero por lo visto seguía insistiendo en hablar conmigo, así que no tuvo más remedio que pasarme la llamada...Al final resultó que el recado se lo quería dar él a mi jefa, así que como pude tomé nota, localicé a mi jefa, tomé una lección express de "lenguaje honorífico telefónico empresarial en 5 minutos" de un compañero y devolví la llamada al diseñador...¿quién necesita una videoconsola teniendo la adrenalina diaria de este trabajo de survival horror?

Por cierto que me han vuelto a decir con admiración y asombro lo de "pareces adulta cuando hablas español" y me temo que de poco sirve intentar explicarles que en España, de hecho, se me considera una adulta...

En días como hoy, amas tu bañera como a tu vida y por ello he comenzado a tunearla en búsqueda de nuevas sensaciones:


Esto es el aspecto que tomó el agua tras disolver una pastilla de sales de baño con presunto aroma a papaya. El resultado es que el agua se queda rosita, que parece que vas a entrar en la bañera de Hello Kitty. Aunque tengo que decir que olía muy bien y tiene efectos relajantes y refrescantes en el agua que te deja el cuerpo como nuevo tras una jornada mortal.

Esta es la versión en lila de otra pastilla con aroma a....ummm otra fruta rara. Como la bañera es color crema se ve el agua azulita en la foto y parece un poco el pis de los anuncios de pañales. Hay otra tercera versión con la pastilla de aroma a mango, lo que pasa es que deja el agua de un sospechoso color amarillo y sé lo amigos que sois de los chistes facilones, así que paso. Quedan pendientes para futuras ediciones las fotos del resto de mi pequeña madriguera, pero como he tenido la semana movidita (entre ellas herniarme literalmente la espalda montando un mueble nuevo a las 12 de la noche) tengo esto que parece que ha pasado un tifón por mi casa. Ya publicaré la exclusiva como si de la Preysler se tratara....

Sumando un poco surrealismo al ambiente empresarial, ha llegado una circular oficial desde uno de los altos jefazos explicando que hay un evento de noséqué empresa de cosméticos y que se va a invitar a las féminas de la plantilla a un curso de maquillaje en el mismo centro. Lo cual por supuesto como estamos en Japón deriva a un "se ruega la colaboración de los miembros femeninos de la empresa", que si no suena a obligación parece que no es lo mismo. Yo me lo había tomado un poco a broma, pero mi jefe me dijo muy serio "ve a la 4ª planta a apuntarte a la lista, si quieres voy contigo" y ante mi cara de ilusión respondió "no, me refiero a que voy contigo a apuntarte, no pienso maquillarme". La verdad es que es una pena, porque la idea de una clase de maquillaje con los maromos de mi oficina parecía bastante más divertida y tras ver en la TV lo en serio que se toman la cosmética (como todo) no me apetece mucho ir, además de que seguramente no comprenda bien las explicaciones y me acabe haciendo un Picasso...Por ahora estoy en práctica de la resistencia pasiva a ver si se pasa el plazo, pero si me lo vuelven a decir no tendré más remedio que ir y puede que de la experiencia salga otro post.

Lo dicho, me voy a la bañera que hoy creo habérmelo ganado. Por cierto, si la Coca-Cola con sabor a té verde llega a España, sabed que está asquerosa. Me falta probar la Pepsi Shiso (hierba aromática japonesa), pero para que os hagáis una idea es como si en España hicieran la Pepsi Perejil...suena prometedor, ¿eh? Para más información os dejo el link del blog de Nihoneymoon , que es un tío intrépido y se ha atrevido a probarla.

Lo que queda del día

Que es más bien poca cosa, porque acabo de llegar a casa, zamparme mi asiduo obento de sushi y ya son las 22:00...

La cultura japonesa reserva unos sofisticados modelos de infierno a sus becarios, como puede ser la jornada de diez horas (con una para comer) de pie haciendo fotocopias. Ciertamente el arte de la fotocopia es una disciplina que nunca ha sido bien ponderada en nuestra sociedad. Una se cree que es una tarea banal hasta que se encuentra como materia prima una montaña de 150 expedientes de proyecto en diferentes formatos, medidas y materiales (cada cual de su padre y de su madre, por lo que se supone que tú eres El Elegido para unificar los formatos y atarlos a las tinieblas...) y como herramienta para hacer 4 copias de cada, dos fotocopiadoras a compartir con el resto de la empresa.

Si en este país hiperdesarrollado las bañeras hablan, las fotocopiadoras directamente ya te cantan La Traviata, lo cual no significa en modo alguno que eso te simplifique la vida, ya que has de vértelas con un menú incomprensible lleno de opciones infinitas (todas en kanji, la duda ofende), encima en la red se cruzan los trabajos de los compañeros que están enviando impresiones desde sus ordenadores a la misma terminal (por lo que el bicho se bloquea y tienes que cambiar de fotocopiadora) y por supuesto en el proceso te pasa de todo, se te acaba el papel, el toner de tinta y la paciencia, porque claro, evidentemente, los mensajes de error, ¡también están llenos de kanjis! ¿Y qué puede hacer una cuando le ocurre todo eso? Sólo queda un recurso...


...que no es otro que poner esta cara y pedir a alguien que te rescate del embrollo.

El día 1 de julio asistí a la tercera junta de empresa y fue mi segunda exposición ante ese selecto público. Al menos esta vez conseguí tartamudear un poco menos y casi se me cae la lagrimilla de emoción cuando al terminar un jefazo me sonrió y con una ligera inclinación declaró setencioso: "has hecho un buen trabajo".

Claro que la alegría duró poco porque hoy, cuando creía tener más o menos bajo control la amenaza cibernética de las fotocopiadoras ha llegado súbitamente EL MOMENTO DE PÁNICO DEL DÍA. Es decir: de repente aparece una secretaria y me anuncia "ha llamado el diseñador gráfico y quería hablar con tu jefa pero hoy está de viaje de negocios" -hasta ese punto yo asentía dominando la situación, porque al menos lo de dar recados creo tenerlo más o menos pulido. Pero la frase continuaba con un: "está todavía al teléfono y como ella no está ha dicho que quiere hablar contigo del encargo" osea ¡Houston, Houston, tenemos un problema!. Presa del terror le expliqué a la secretaria que mi jefa no me había dejado ningún recado para él y ella a su vez intentó transmitírselo a él, pero por lo visto seguía insistiendo en hablar conmigo, así que no tuvo más remedio que pasarme la llamada...Al final resultó que el recado se lo quería dar él a mi jefa, así que como pude tomé nota, localicé a mi jefa, tomé una lección express de "lenguaje honorífico telefónico empresarial en 5 minutos" de un compañero y devolví la llamada al diseñador...¿quién necesita una videoconsola teniendo la adrenalina diaria de este trabajo de survival horror?

Por cierto que me han vuelto a decir con admiración y asombro lo de "pareces adulta cuando hablas español" y me temo que de poco sirve intentar explicarles que en España, de hecho, se me considera una adulta...

En días como hoy, amas tu bañera como a tu vida y por ello he comenzado a tunearla en búsqueda de nuevas sensaciones:


Esto es el aspecto que tomó el agua tras disolver una pastilla de sales de baño con presunto aroma a papaya. El resultado es que el agua se queda rosita, que parece que vas a entrar en la bañera de Hello Kitty. Aunque tengo que decir que olía muy bien y tiene efectos relajantes y refrescantes en el agua que te deja el cuerpo como nuevo tras una jornada mortal.

Esta es la versión en lila de otra pastilla con aroma a....ummm otra fruta rara. Como la bañera es color crema se ve el agua azulita en la foto y parece un poco el pis de los anuncios de pañales. Hay otra tercera versión con la pastilla de aroma a mango, lo que pasa es que deja el agua de un sospechoso color amarillo y sé lo amigos que sois de los chistes facilones, así que paso. Quedan pendientes para futuras ediciones las fotos del resto de mi pequeña madriguera, pero como he tenido la semana movidita (entre ellas herniarme literalmente la espalda montando un mueble nuevo a las 12 de la noche) tengo esto que parece que ha pasado un tifón por mi casa. Ya publicaré la exclusiva como si de la Preysler se tratara....

Sumando un poco surrealismo al ambiente empresarial, ha llegado una circular oficial desde uno de los altos jefazos explicando que hay un evento de noséqué empresa de cosméticos y que se va a invitar a las féminas de la plantilla a un curso de maquillaje en el mismo centro. Lo cual por supuesto como estamos en Japón deriva a un "se ruega la colaboración de los miembros femeninos de la empresa", que si no suena a obligación parece que no es lo mismo. Yo me lo había tomado un poco a broma, pero mi jefe me dijo muy serio "ve a la 4ª planta a apuntarte a la lista, si quieres voy contigo" y ante mi cara de ilusión respondió "no, me refiero a que voy contigo a apuntarte, no pienso maquillarme". La verdad es que es una pena, porque la idea de una clase de maquillaje con los maromos de mi oficina parecía bastante más divertida y tras ver en la TV lo en serio que se toman la cosmética (como todo) no me apetece mucho ir, además de que seguramente no comprenda bien las explicaciones y me acabe haciendo un Picasso...Por ahora estoy en práctica de la resistencia pasiva a ver si se pasa el plazo, pero si me lo vuelven a decir no tendré más remedio que ir y puede que de la experiencia salga otro post.

Lo dicho, me voy a la bañera que hoy creo habérmelo ganado. Por cierto, si la Coca-Cola con sabor a té verde llega a España, sabed que está asquerosa. Me falta probar la Pepsi Shiso (hierba aromática japonesa), pero para que os hagáis una idea es como si en España hicieran la Pepsi Perejil...suena prometedor, ¿eh? Para más información os dejo el link del blog de Nihoneymoon , que es un tío intrépido y se ha atrevido a probarla.

¡Llamando a la nave nodriza!

Para los frikis (que sóis todos) las prometidas fotos de los gadget de mi mini-estudio. Por supuesto, la inevitable imagen del WC con chorritos y taza con calefacción. Ya me he acostumbrado, pero al principio me daba yuyu porque da la impresión de que se acaba de levantar alguien justo antes...


Esto es el panel de control del agua caliente de la bañera. Se puede programar la temperatura y los litros de agua exactos que quieres en tu baño y sólo tienes que apretar el botón de "automático". A mi me lo programó el señor técnico del gas que era muy majete y así se va a quedar, porque miedo me da tocar eso con mis habilidades tecnológicas. A algunos ya os he contado el susto que te das las primeras veces porque literalmente HABLA para decirte que la bañera se está llenando, luego para avisarte de que está a la mitad y ya puedes entrar y finalmente anunciándose con una fanfarria versallesca que el baño está listo (eso también me dio un susto de muerte la primera noche porque creía que había llamado un loco al portero de mi casa a las tantas). Cierto artista finlandés comentó que no se siente solo en Japón desde que puede hablar con su bañera, pero no sé, a mí no deja de inquietarme la idea de tener que pedirle permiso al ordenador central para darse un remojón...

El panel de control del agua caliente de los grifos (en la cocina), a la derecha arriba el panel de control del extractor y ¿climatizador? del baño, la verdad es que está lleno de botones raros y temporizadores que tienen una pinta amenazadora, así que siempre uso la función básica de extractor para disipar el vapor de la ducha (porque el baño no tiene ventanas). A la derecha abajo el interruptor de la luz, típico japonés.


El portero automático con cámara y una musiquita que tú piensas que es la del móvil las primeras 50 veces. A ver problema matemático: si el sonido del baño parece el del portero y el portero parece el del móvil, ¿a qué se parecerá el del móvil?

Y mi conclusión a todo este despliegue es: ¿no podrían haber invertido en un par de metros más de planta en lugar de tanto juguetito?

Esto es un ejemplo de la cómida rápida en la que acabo cayendo muchos días, porque no tengo tiempo de comprar/cocinar ni casi comer la mayor parte del tiempo. Benditas sean las tiendas de sushi porque ellas nos salvarán la dieta, ¡yupi!

¡Llamando a la nave nodriza!

Para los frikis (que sóis todos) las prometidas fotos de los gadget de mi mini-estudio. Por supuesto, la inevitable imagen del WC con chorritos y taza con calefacción. Ya me he acostumbrado, pero al principio me daba yuyu porque da la impresión de que se acaba de levantar alguien justo antes...


Esto es el panel de control del agua caliente de la bañera. Se puede programar la temperatura y los litros de agua exactos que quieres en tu baño y sólo tienes que apretar el botón de "automático". A mi me lo programó el señor técnico del gas que era muy majete y así se va a quedar, porque miedo me da tocar eso con mis habilidades tecnológicas. A algunos ya os he contado el susto que te das las primeras veces porque literalmente HABLA para decirte que la bañera se está llenando, luego para avisarte de que está a la mitad y ya puedes entrar y finalmente anunciándose con una fanfarria versallesca que el baño está listo (eso también me dio un susto de muerte la primera noche porque creía que había llamado un loco al portero de mi casa a las tantas). Cierto artista finlandés comentó que no se siente solo en Japón desde que puede hablar con su bañera, pero no sé, a mí no deja de inquietarme la idea de tener que pedirle permiso al ordenador central para darse un remojón...

El panel de control del agua caliente de los grifos (en la cocina), a la derecha arriba el panel de control del extractor y ¿climatizador? del baño, la verdad es que está lleno de botones raros y temporizadores que tienen una pinta amenazadora, así que siempre uso la función básica de extractor para disipar el vapor de la ducha (porque el baño no tiene ventanas). A la derecha abajo el interruptor de la luz, típico japonés.


El portero automático con cámara y una musiquita que tú piensas que es la del móvil las primeras 50 veces. A ver problema matemático: si el sonido del baño parece el del portero y el portero parece el del móvil, ¿a qué se parecerá el del móvil?

Y mi conclusión a todo este despliegue es: ¿no podrían haber invertido en un par de metros más de planta en lugar de tanto juguetito?

Esto es un ejemplo de la cómida rápida en la que acabo cayendo muchos días, porque no tengo tiempo de comprar/cocinar ni casi comer la mayor parte del tiempo. Benditas sean las tiendas de sushi porque ellas nos salvarán la dieta, ¡yupi!

Knifer Life

鴻池 朋子 Tomoko Konoike -Knifer Life-

Casi sin darme cuenta ya ha transcurrido casi un mes desde mi último post y es que esta vida de que llevo de muerta sin reposo (born to be a zombie!) no deja mucho margen de esparcimiento (lo único que queda "esparcido" es mi mini-apartamento porque no paro mucho en casa) y una hace lo que puede para resignarse a que su día "libre" acabe también dedicado a tareas relacionadas con el trabajo. En una de estas me van a acabar quitando el pasaporte español...ojús.

Por cierto que Kuito me ha dado un estupenda idea y es la opción de "seguidores" del zombi-blog, está en una casilla junto a la foto de portada (esa que parece sacada de las rebajas) y pone "cErEEEEbRoS (carcomidos)". Su utilidad no es otra que ahorraros viajes inútiles a la página del blog preguntándoos por enésima vez si la petarda de turno se habrá molestado en actualizar, ya que parece que el sistema os avisa cuando hay actividad. ¿Quién será el/la primero/a? jijiji, ¡qué emoción!

La verdad es que me han pasado un montón de cosas este mes pero me temo que a estas horas la que tiene ya el cerebro carcomido soy yo...

Por supuesto también hay momentos reseñables en el trabajo y menos mal, porque como comentaba antes con Helked, bastante puntos de cordura estoy perdiendo ya: entre vivir en una especia de mundo Matrix con cascadas de letrajos raros por todas partes, los jefes que parecen sacados de Arkham Asylum...a este paso voy a volver con una especie de trauma de veterano de Vietnam. Aunque eso sí, de vez en cuando me regalan momentos impagables, como el día en que mi jefe decidió marcarse un baile freestyle con coreografía de conejito junto a mi mesa, justo antes de constatar con horror que la puerta de la oficina estaba ABIERTA DE PAR EN PAR y una cliente importante de la empresa nos mirama con incrédula estupefacción. Claro, yo le quería echar un cable al pobre hombre que no sabía dónde meterse, así que enjugándome las lágrimas (de risa), señalé dramáticamente la pantalla del ordenador con un "¿lo ve? ¡¡este informe es imposibleeeee!!". En fin, no sé si me darán un Goya, pero para mí que la cliente no se quedó muy convencida.Fue inevitable acordarme del momento "Michael Jackson" de Kenzo en el Aki...;-D

Otra cuestión curiosa que he aprendido es que se sorprenden mucho cuando me oyen alguna vez hablar en español y me dicen cosas como "ala, que bien hablas español, ¿no?" (aunque la frase que se sigue llevando la palma todavía es la de"¿y tú no eres muy blanca para ser española?") y es que claro, para ellos hablo como una niña y les resulta muy curioso oirme hablar como una adulta en versión original...a veces me siento como la Usun Yoon española, jajaja. Además, como la ignorancia es atrevida, en ocasiones ocurre que me encuentro con gente super importante y no tengo ni zorra de quiénes son. Lo bueno es que así no me pongo nerviosa. Lo malo, el alto porcentaje de meter la gamba: como cuando el que tú conoces como "el hombre de los calcetines rojos" resulta ser un super pez gordo del copón, ves al día siguiente presentando un programa en la tele al "tío raro que vino a una inaguración con un chaleco rosa" o te presentan a un hombre en el pasillo de los servicios que luego te encuentras en todos los libros de Arte...

Knifer Life

鴻池 朋子 Tomoko Konoike -Knifer Life-

Casi sin darme cuenta ya ha transcurrido casi un mes desde mi último post y es que esta vida de que llevo de muerta sin reposo (born to be a zombie!) no deja mucho margen de esparcimiento (lo único que queda "esparcido" es mi mini-apartamento porque no paro mucho en casa) y una hace lo que puede para resignarse a que su día "libre" acabe también dedicado a tareas relacionadas con el trabajo. En una de estas me van a acabar quitando el pasaporte español...ojús.

Por cierto que Kuito me ha dado un estupenda idea y es la opción de "seguidores" del zombi-blog, está en una casilla junto a la foto de portada (esa que parece sacada de las rebajas) y pone "cErEEEEbRoS (carcomidos)". Su utilidad no es otra que ahorraros viajes inútiles a la página del blog preguntándoos por enésima vez si la petarda de turno se habrá molestado en actualizar, ya que parece que el sistema os avisa cuando hay actividad. ¿Quién será el/la primero/a? jijiji, ¡qué emoción!

La verdad es que me han pasado un montón de cosas este mes pero me temo que a estas horas la que tiene ya el cerebro carcomido soy yo...

Por supuesto también hay momentos reseñables en el trabajo y menos mal, porque como comentaba antes con Helked, bastante puntos de cordura estoy perdiendo ya: entre vivir en una especia de mundo Matrix con cascadas de letrajos raros por todas partes, los jefes que parecen sacados de Arkham Asylum...a este paso voy a volver con una especie de trauma de veterano de Vietnam. Aunque eso sí, de vez en cuando me regalan momentos impagables, como el día en que mi jefe decidió marcarse un baile freestyle con coreografía de conejito junto a mi mesa, justo antes de constatar con horror que la puerta de la oficina estaba ABIERTA DE PAR EN PAR y una cliente importante de la empresa nos mirama con incrédula estupefacción. Claro, yo le quería echar un cable al pobre hombre que no sabía dónde meterse, así que enjugándome las lágrimas (de risa), señalé dramáticamente la pantalla del ordenador con un "¿lo ve? ¡¡este informe es imposibleeeee!!". En fin, no sé si me darán un Goya, pero para mí que la cliente no se quedó muy convencida.Fue inevitable acordarme del momento "Michael Jackson" de Kenzo en el Aki...;-D

Otra cuestión curiosa que he aprendido es que se sorprenden mucho cuando me oyen alguna vez hablar en español y me dicen cosas como "ala, que bien hablas español, ¿no?" (aunque la frase que se sigue llevando la palma todavía es la de"¿y tú no eres muy blanca para ser española?") y es que claro, para ellos hablo como una niña y les resulta muy curioso oirme hablar como una adulta en versión original...a veces me siento como la Usun Yoon española, jajaja. Además, como la ignorancia es atrevida, en ocasiones ocurre que me encuentro con gente super importante y no tengo ni zorra de quiénes son. Lo bueno es que así no me pongo nerviosa. Lo malo, el alto porcentaje de meter la gamba: como cuando el que tú conoces como "el hombre de los calcetines rojos" resulta ser un super pez gordo del copón, ves al día siguiente presentando un programa en la tele al "tío raro que vino a una inaguración con un chaleco rosa" o te presentan a un hombre en el pasillo de los servicios que luego te encuentras en todos los libros de Arte...

¡Pandemia!


Hoy he llegado a casa con este careto y no, no es que vaya de ninjaaaa, sino que ha llegado una circular de la empresa con estrictas y detalladas normas para la prevención de la gripe porcina, ya que debido al brote de Kansai han tenido que cerrar muchas escuelas en Kobe y Osaka y temen que se propague a Tokio. Teniendo en cuenta la densidad de población en Tokio y las aglomeraciones en trenes y demás, la verdad es que estas normas sanitarias no parecen descabelladas.

El problema es que cuando llevas 10 horitas pegada al ordenador trabajando intensivamente porque quieres acabar el proyecto encomendado en tiempo récord (ayer fueron 12 y media), digamos que uno se vuelve más susceptible a ciertas cuestiones como la diplomacia. Entonces ocurre que cierto individuo te ofrece toda la charla de la pandemia con un tono sobradamente paternalista. La norma parece ser que en la puerta de entrada de personal de la empresa habrá que lavarse las manos con alcohol y llevar la mascarilla cada vez que se salga fuera del edificio. En caso de tener síntomas de resfriado lo primero es avisar al jefe. Si una se sorprende por la magnitud de la alarma y confiesa que nunca ha llevado mascarilla (bueno, en realidad el año pasado llevé una durante 15 minutos, pero no creí que fuera digno de mención), le cae un sermón tremendo sobre la responsabilidad civil, la conciencia de grupo en Japón, haciéndome sentir culpable si se contagian por culpa de mi inconsciencia y un tremendo blablabla.

Una aguanta el chaparrón pero la ceja se le dispara cuando se hace mención a la "gripe española" y se ve obligada a explicar que esa epidemia no comenzó en España precisamente. El colmo ya ha sido cuando el susodicho me ha paseado por las oficinas centrales contándole a todo el mundo cómo me estaba evangelizando en la cultura de la mascarilla, ya que increíblemente nunca había usado una (así somos los bárbaros). Un graciosillo ha comentado que como mi nariz sobresale más igual la mascarilla me estaba pequeña (de verdad que se lo perdono porque es el apóstol de la caca, porque contenta me tiene). Otra iluminada ha declarado "ya ves, esta es la cultura de Japón, ánimo" con cara de inefable superioridad.

Tras el paseo triunfal hemos regresado a nuestra sección y me han hecho llevar la mascarilla puesta DENTRO de la oficina. Que la verdad, trabajar con el ordenador en japonés ya es suficiente diversión para mí sin añadir la mascarilla que pega un calor horroroso y encima hace que se me empañen las gafas, más que una oficina aquello parecía un quirófano.

No he podido evitar replicar que ya que las medidas parecen ser tan severas, estaría bien que también pusieran jabón de manos en el lavabo. Me contestan "pues claro que hay" tan panchos y es que curiosamente lleva una semana gastado y nadie se ha dado cuenta, mientras yo como tonta estaba lavándome las manos con lavavajillas, que ni los pescadores noruegos del anuncio, leñe. Les enseño el bote vacío y al final uno ha ido a por un recambio como haciéndome un favor. Hay que ver cómo somos de exigentes los salvajes.

Al final del día uno me ha confesado que seguramente mi jefe (ausente a toda la pandemia porque estaba reunido) sea menos estricto con el tema mascarilla (el informante dice que él la lleva siempre porque tiene que tratar con muchos clientes y porque su mujer lo obliga). Como hombre juicioso que es, confío en que cuando regrese imponga un poco de cordura en todo esto. Realmente si me dan una explicación razonable no me importa llevarla aunque sea un incordio, pero en primer lugar, en mi caso no tiene tanto sentido porque estoy casi todo el tiempo dentro de la oficina (aparte de tener el curioso vicio de lavarme las manos con jabón) y en segundo lugar, hay muchas formas de decir las cosas, que hoy he visto a alguno con ganas de enviarme al gueto a la mínima...

En la mayoría de las farmacias ya se han agotado las mascarillas y en el tren de vuelta la verdad es que muy poca gente la llevaba puesta (de hecho en Japón siempre se ven mascarillas, ya sea para no contagiar el resfriado, evitar la alergia o vete tú a saber, yo creo que en el fondo les gusta). Algunos pasajeros me miraban preguntándose si sería una "infectada", pero mi conclusión es clara:

EL DÍA DEL APOCALIPSIS ZOMBIE SE VAN A ENTERAR DE LO QUE ES UNA PANDEMIA.

¡Pandemia!


Hoy he llegado a casa con este careto y no, no es que vaya de ninjaaaa, sino que ha llegado una circular de la empresa con estrictas y detalladas normas para la prevención de la gripe porcina, ya que debido al brote de Kansai han tenido que cerrar muchas escuelas en Kobe y Osaka y temen que se propague a Tokio. Teniendo en cuenta la densidad de población en Tokio y las aglomeraciones en trenes y demás, la verdad es que estas normas sanitarias no parecen descabelladas.

El problema es que cuando llevas 10 horitas pegada al ordenador trabajando intensivamente porque quieres acabar el proyecto encomendado en tiempo récord (ayer fueron 12 y media), digamos que uno se vuelve más susceptible a ciertas cuestiones como la diplomacia. Entonces ocurre que cierto individuo te ofrece toda la charla de la pandemia con un tono sobradamente paternalista. La norma parece ser que en la puerta de entrada de personal de la empresa habrá que lavarse las manos con alcohol y llevar la mascarilla cada vez que se salga fuera del edificio. En caso de tener síntomas de resfriado lo primero es avisar al jefe. Si una se sorprende por la magnitud de la alarma y confiesa que nunca ha llevado mascarilla (bueno, en realidad el año pasado llevé una durante 15 minutos, pero no creí que fuera digno de mención), le cae un sermón tremendo sobre la responsabilidad civil, la conciencia de grupo en Japón, haciéndome sentir culpable si se contagian por culpa de mi inconsciencia y un tremendo blablabla.

Una aguanta el chaparrón pero la ceja se le dispara cuando se hace mención a la "gripe española" y se ve obligada a explicar que esa epidemia no comenzó en España precisamente. El colmo ya ha sido cuando el susodicho me ha paseado por las oficinas centrales contándole a todo el mundo cómo me estaba evangelizando en la cultura de la mascarilla, ya que increíblemente nunca había usado una (así somos los bárbaros). Un graciosillo ha comentado que como mi nariz sobresale más igual la mascarilla me estaba pequeña (de verdad que se lo perdono porque es el apóstol de la caca, porque contenta me tiene). Otra iluminada ha declarado "ya ves, esta es la cultura de Japón, ánimo" con cara de inefable superioridad.

Tras el paseo triunfal hemos regresado a nuestra sección y me han hecho llevar la mascarilla puesta DENTRO de la oficina. Que la verdad, trabajar con el ordenador en japonés ya es suficiente diversión para mí sin añadir la mascarilla que pega un calor horroroso y encima hace que se me empañen las gafas, más que una oficina aquello parecía un quirófano.

No he podido evitar replicar que ya que las medidas parecen ser tan severas, estaría bien que también pusieran jabón de manos en el lavabo. Me contestan "pues claro que hay" tan panchos y es que curiosamente lleva una semana gastado y nadie se ha dado cuenta, mientras yo como tonta estaba lavándome las manos con lavavajillas, que ni los pescadores noruegos del anuncio, leñe. Les enseño el bote vacío y al final uno ha ido a por un recambio como haciéndome un favor. Hay que ver cómo somos de exigentes los salvajes.

Al final del día uno me ha confesado que seguramente mi jefe (ausente a toda la pandemia porque estaba reunido) sea menos estricto con el tema mascarilla (el informante dice que él la lleva siempre porque tiene que tratar con muchos clientes y porque su mujer lo obliga). Como hombre juicioso que es, confío en que cuando regrese imponga un poco de cordura en todo esto. Realmente si me dan una explicación razonable no me importa llevarla aunque sea un incordio, pero en primer lugar, en mi caso no tiene tanto sentido porque estoy casi todo el tiempo dentro de la oficina (aparte de tener el curioso vicio de lavarme las manos con jabón) y en segundo lugar, hay muchas formas de decir las cosas, que hoy he visto a alguno con ganas de enviarme al gueto a la mínima...

En la mayoría de las farmacias ya se han agotado las mascarillas y en el tren de vuelta la verdad es que muy poca gente la llevaba puesta (de hecho en Japón siempre se ven mascarillas, ya sea para no contagiar el resfriado, evitar la alergia o vete tú a saber, yo creo que en el fondo les gusta). Algunos pasajeros me miraban preguntándose si sería una "infectada", pero mi conclusión es clara:

EL DÍA DEL APOCALIPSIS ZOMBIE SE VAN A ENTERAR DE LO QUE ES UNA PANDEMIA.

Mi primer viaje de negocios





Suena a persona importante, pero en realidad tengo que explicar que ha sido más bien una decisión de mis jefes en plan "ya que tenemos que ir saquemos a la mascota un rato a que trote por los campos" y yo tan feliz. La verdad es que ahora me siento un poco Mowgli, aceptada como cachorro en una manada extraña...

El destino era el Museo al Aire Libre de Hakone (en inglés The Hakone Open Air Museum, aunque la traducción no tiene mucho que ver con el nombre original en japonés), un sitio la verdad muy agradable, porque es un gran parque lleno de esculturas, distintos pabellones e instalaciones donde los niños se lo pasan bomba (y más de un no-tan-niño se ha quedado con las ganas de entrar) rodeado de naturaleza. Hakone es una localidad cercana a Tokio famosa por sus baños termales, para más información la wikipedia nuestra de cada día ---->Hakone.

Últimamente parece que se ha puesto de moda el español en la empresa y quien más y quien menos ha aprendido a chapurrear un par de palabrillas (mi labor en aras de la difusión de la lengua española nunca será bien ponderada), pero una se acaba planteando la pedagogía metodológica de sus estudiantes de español cuando descubre que la palabra preferida por estos en su querida lengua materna es "caca". Todo empezó cuando cierto individuo pretendía decir "estoy cansado" pero se quedó atrancado en la "ca" y acabó por decir muy ufano "estoy caca". La frase tuvo tal éxito que se ha convertido en la palabra estrella de todas las conversaciones y de hecho, en mi oficina ahora cada vez que alguien está ausente comentan alegremente que "está haciendo caca". Mi vida diaria cada vez se acerca más a un capítulo de Chico Terremoto, cuya sabiduría conceptual cada vez me produce mayor admiración visto lo visto...

El momento del pánico llegó cuando el jefazo de turno (también conocido como el estudioso de los súbitos cambios de color en las becarias), ha decidido compartir mi gloriosa aportación a la reunión del otro día con el artista que teníamos citado hoy, ya que parece ser que como cuerpo incasdencente no tengo precio (me pones una pantalla y alumbro una barbaridad). Una ha intentado defenderse como ha podido, con el glorioso resultado de que el veredicto emitido por dicho jefazo con una sonrisa maligna ha sido: "bien, ¿tú no estás aquí para investigar? pues en la reunión del día 1 del mes que viene harás una presentación sobre tu tema de investigación". Ciertamente un discurso académico en japonés honorífico delante de toda la junta de la empresa es la experiencia extrema que mi vida necesita ahora...¡de verdad que mis técnicas de camuflaje cada vez dejan más que desear! Empiezo a entender al coronel Kurtz cuando habla de "¡¡el horror, el horror!!"

Mi primer viaje de negocios





Suena a persona importante, pero en realidad tengo que explicar que ha sido más bien una decisión de mis jefes en plan "ya que tenemos que ir saquemos a la mascota un rato a que trote por los campos" y yo tan feliz. La verdad es que ahora me siento un poco Mowgli, aceptada como cachorro en una manada extraña...

El destino era el Museo al Aire Libre de Hakone (en inglés The Hakone Open Air Museum, aunque la traducción no tiene mucho que ver con el nombre original en japonés), un sitio la verdad muy agradable, porque es un gran parque lleno de esculturas, distintos pabellones e instalaciones donde los niños se lo pasan bomba (y más de un no-tan-niño se ha quedado con las ganas de entrar) rodeado de naturaleza. Hakone es una localidad cercana a Tokio famosa por sus baños termales, para más información la wikipedia nuestra de cada día ---->Hakone.

Últimamente parece que se ha puesto de moda el español en la empresa y quien más y quien menos ha aprendido a chapurrear un par de palabrillas (mi labor en aras de la difusión de la lengua española nunca será bien ponderada), pero una se acaba planteando la pedagogía metodológica de sus estudiantes de español cuando descubre que la palabra preferida por estos en su querida lengua materna es "caca". Todo empezó cuando cierto individuo pretendía decir "estoy cansado" pero se quedó atrancado en la "ca" y acabó por decir muy ufano "estoy caca". La frase tuvo tal éxito que se ha convertido en la palabra estrella de todas las conversaciones y de hecho, en mi oficina ahora cada vez que alguien está ausente comentan alegremente que "está haciendo caca". Mi vida diaria cada vez se acerca más a un capítulo de Chico Terremoto, cuya sabiduría conceptual cada vez me produce mayor admiración visto lo visto...

El momento del pánico llegó cuando el jefazo de turno (también conocido como el estudioso de los súbitos cambios de color en las becarias), ha decidido compartir mi gloriosa aportación a la reunión del otro día con el artista que teníamos citado hoy, ya que parece ser que como cuerpo incasdencente no tengo precio (me pones una pantalla y alumbro una barbaridad). Una ha intentado defenderse como ha podido, con el glorioso resultado de que el veredicto emitido por dicho jefazo con una sonrisa maligna ha sido: "bien, ¿tú no estás aquí para investigar? pues en la reunión del día 1 del mes que viene harás una presentación sobre tu tema de investigación". Ciertamente un discurso académico en japonés honorífico delante de toda la junta de la empresa es la experiencia extrema que mi vida necesita ahora...¡de verdad que mis técnicas de camuflaje cada vez dejan más que desear! Empiezo a entender al coronel Kurtz cuando habla de "¡¡el horror, el horror!!"